Por qué el territorio importa: el riesgo no es igual en todas partes
Un programa de formación en gestión del riesgo que no parte del territorio específico donde vive la gente es un programa abstracto, de escasa utilidad práctica. La Ley 1523 lo reconoce con el principio de gestión local del riesgo (Art. 3.11): "la gestión del riesgo de desastres debe incorporarse de manera efectiva en la organización administrativa y el funcionamiento municipal, siendo el nivel local el que más directamente gestiona el riesgo". Lo local no es un derivado de lo nacional: es el punto de partida.
La Costa Caribe colombiana no es una región homogénea. Son siete departamentos —Atlántico, Bolívar, Córdoba, Sucre, Magdalena, Cesar y La Guajira—, más de 200 municipios, comunidades afrodescendientes, indígenas wayuu, zenú, kogui, arhuaco, chimila y mestizas, geografías que van del desierto guajiro a la selva húmeda cordobesa, del nivel del mar a las cumbres de la Sierra Nevada. Cada subregión tiene sus amenazas propias, su historia de riesgo acumulado y sus saberes específicos para leerlas.
Pero hay patrones comunes que este módulo identifica para que cada comunidad pueda reconocer su situación dentro de ellos, compararla, aprender de otras experiencias y construir puentes de solidaridad con comunidades que enfrentan riesgos similares en otros puntos de la misma región.
"¿Cuál es el riesgo que sientes más presente en tu territorio cotidiano? ¿Cómo lo describirías a alguien que nunca ha estado allí? ¿Tu abuelo o abuela vivía el mismo riesgo con la misma intensidad? ¿Ha cambiado algo en los últimos 20 años?"
- ¿Hay lugares en tu comunidad que todos saben que son peligrosos pero la gente sigue viviendo allí? ¿Por qué sigue viviendo allí a pesar del riesgo?
- ¿Cuándo ocurrió el último evento que afectó significativamente a tu comunidad? ¿Qué cambió después? ¿Algo cambió de verdad?
- ¿Tu comunidad tiene palabras propias, señales propias o rituales propios para avisar del peligro o prepararse ante él? ¿Todavía se usan?
- ¿Qué cambios en el clima, en el río, en el viento o en la tierra ha notado tu comunidad en los últimos años que antes no eran así?
El territorio Caribe: geografía, historia y condición de riesgo
La vulnerabilidad de la Costa Caribe ante múltiples amenazas no es un accidente geográfico: es el resultado de un proceso histórico de exclusión, modelos de ocupación del territorio que ignoraron sistemáticamente los riesgos naturales, inversión pública insuficiente en infraestructura y servicios básicos, y degradación ambiental acumulada. Entender la historia del territorio es entender la historia del riesgo.
| Proceso histórico | Impacto en la condición de riesgo actual | Departamentos más afectados |
|---|---|---|
| Desecación de ciénagas y humedales para uso agropecuario (siglos XIX–XX) | Eliminación de los reguladores naturales del ciclo hídrico. Las ciénagas funcionaban como esponjas que absorbían el exceso de agua en invierno y lo liberaban en verano. Su desecación aumentó exponencialmente el riesgo de inundación aguas abajo. | Bolívar, Córdoba, Sucre, Magdalena |
| Deforestación masiva para ganadería extensiva y agricultura | Pérdida de cobertura vegetal que regulaba la escorrentía, estabilizaba las laderas y recargaba los acuíferos. La deforestación es el factor antrópico que más ha amplificado el riesgo de deslizamiento e inundación en la región. | Todos los departamentos · Sierra Nevada · Serranía de Perijá |
| Ocupación de zonas de riesgo por población desplazada y migrante | El conflicto armado y la pobreza forzaron a millones de personas a ocupar zonas de riesgo (laderas inestables, rondas de ríos, áreas de erosión costera) porque eran las únicas tierras disponibles y económicamente accesibles. El riesgo no es elegido: es impuesto por la exclusión. | Barranquilla · Cartagena · Santa Marta · municipios receptores de desplazamiento |
| Inversión en obras hidráulicas sin estudios de impacto sistémico | Construcción de diques, jarillones y canalizaciones que modificaron el comportamiento natural de los ríos, trasladando el riesgo de inundación a comunidades aguas abajo que antes no lo tenían. El riesgo fue producido institucionalmente por obras mal planificadas. | Magdalena · Atlántico · Bolívar · Depresión Momposina |
| Explotación minera e industrial sin gestión ambiental | Contaminación de fuentes hídricas, subsidencia de suelos, pérdida de ecosistemas reguladores. Las comunidades cercanas a zonas de explotación acumulan riesgos antrópicos que el PMGRD frecuentemente no documenta ni gestiona. | Cesar · La Guajira · Córdoba · zonas portuarias |
| Degradación de ecosistemas costeros (manglares, arrecifes, playas) | Los manglares son la primera barrera de protección ante marejadas, erosión costera y penetración salina. Su tala para camaronicultura, urbanización y turismo ha expuesto comunidades costeras a amenazas que el ecosistema regulaba de forma gratuita y permanente. | Bolívar · Córdoba · Sucre · Atlántico · zona insular |
"Los desastres no son naturales. Son el resultado de la combinación de amenazas físicas con condiciones de vulnerabilidad construidas socialmente durante décadas o siglos. Detrás de cada desastre hay decisiones humanas —individuales, colectivas, institucionales— que acumularon el riesgo en el tiempo."
Las subregiones de la Costa Caribe: cada territorio tiene su perfil de riesgo
El principio de gestión local del riesgo (Art. 3.11 Ley 1523) exige reconocer la especificidad territorial. Estas son las principales subregiones de la Costa Caribe con sus perfiles de riesgo dominantes:
Amenaza dominante: sequías crónicas y déficit hídrico severo, agravadas por El Niño. La Guajira concentra la mayor vulnerabilidad ante sequías del país, con impacto crítico en la seguridad alimentaria y el acceso al agua de comunidades wayuu. Los jagüeyes —depósitos de agua ancestrales— son la infraestructura hídrica comunitaria más importante y su degradación es una emergencia de derechos. Amenaza secundaria: vendavales en las zonas de alta exposición al viento del noreste.
Amenaza dominante: inundaciones fluviales y desbordamientos del río Magdalena y sus ciénagas. La ruptura del dique en Manatí (Atlántico) durante La Niña 2010–2011 afectó a más de 100.000 personas y evidenció el riesgo estructural de comunidades que viven por debajo del nivel del río protegidas únicamente por infraestructura hídrica deficiente. El riesgo no es natural: es el producto de décadas de ocupación de la llanura de inundación.
Amenaza dominante: avenidas torrenciales, deslizamientos y movimientos en masa. Los glaciares de la Sierra Nevada —los únicos tropicales de Colombia— están en retroceso acelerado, afectando el suministro hídrico de largo plazo. Las comunidades indígenas (kogui, arhuaco, wiwa, kankuamo) tienen conocimientos ancestrales únicos sobre el comportamiento hidrológico de la Sierra. El principio de diversidad cultural (Art. 3.6) obliga a incorporar ese conocimiento en la GRD.
Amenaza dominante: inundaciones estacionales de gran extensión y larga duración, con afectación de comunidades ribereñas y de ciénaga. La Depresión Momposina es el sistema hídrico más complejo del Caribe colombiano: recibe las aguas del Magdalena, el Cauca y el San Jorge. Las comunidades que habitan palafitos y viviendas adaptadas al ritmo del agua tienen un conocimiento de la inundación como ciclo —no como catástrofe— que debe ser reconocido en los PMGRD.
Amenaza dominante: inundaciones del Sinú, reguladas artificialmente por el embalse Urrá pero con impactos no compensados aguas abajo. La regulación artificial del río alteró los ciclos de inundación natural de los que dependían las economías pesqueras y agrícolas de comunidades embera katío y campesinas. El riesgo tecnológico de la presa coexiste con el riesgo tradicional de inundación. Las comunidades afectadas por Urrá tienen derechos específicos no reconocidos en los PMGRD locales.
Amenaza dominante: erosión costera, marejadas y ciclones tropicales. La línea de costa del Caribe colombiano retrocede en varios puntos a tasas de 2–5 metros por año. Barrios enteros en Barranquilla, Cartagena y municipios costeros de Atlántico y Bolívar están siendo literalmente consumidos por el mar. El archipiélago de San Andrés y Providencia tiene vulnerabilidad existencial ante huracanes: el Iota de 2020 destruyó el 98% de la infraestructura de Providencia.
Amenaza dominante: deslizamientos en zonas de ladera, exacerbados por la deforestación asociada a la expansión ganadera y los cultivos ilícitos. La superposición entre riesgo de desastre y conflicto armado (histórico en esta subregión) crea condiciones de vulnerabilidad compuesta: comunidades que no pueden evacuar por el riesgo de desplazamiento forzado, o que viven en zonas de riesgo porque las tierras seguras están ocupadas por actores armados.
Amenaza dominante: inundaciones urbanas por desbordamiento de caños y arroyos, deslizamientos en zonas de ladera periurbana, riesgo sísmico en construcciones vulnerables. Las ciudades de la Costa concentran el mayor número de personas en riesgo por su tamaño poblacional. Los barrios más vulnerables son los de ocupación informal en zonas de riesgo, habitados mayoritariamente por población desplazada y migrante de bajos ingresos.
La historia del riesgo en la Costa Caribe: eventos que marcaron el territorio
La memoria histórica de los eventos de riesgo y desastre es en sí misma un instrumento de gestión del riesgo. Conocer qué ocurrió, cuándo, cómo respondió el sistema, qué quedó pendiente y qué se repitió permite identificar patrones, predecir ciclos y documentar la inacción institucional. La Ley 1523 reconoce implícitamente esta función en el principio de oportuna información (Art. 3.15): la información sobre riesgos y desastres es estratégica para la sociedad.
| Evento / período | Impacto documentado | Lección para la gestión del riesgo |
|---|---|---|
| Tragedia de Armero, Tolima · 1985 (referencia nacional) | Más de 23.000 muertos por el lahar del Nevado del Ruiz. Aunque no es en el Caribe, este evento motivó directamente la creación del sistema nacional de prevención (Decreto 919/1988) y es el hito histórico que contextualiza toda la normativa posterior de GRD en Colombia. | La información técnica disponible sobre la amenaza no fue comunicada a tiempo a la comunidad. El principio de oportuna información (Art. 3.15 Ley 1523) nace directamente de esta tragedia prevenible. |
| Inundaciones fenómeno La Niña · 2010–2011 | El evento de mayor impacto en la historia del Caribe colombiano: 2,3 millones de personas afectadas. 32 de los 47 municipios de Atlántico declarados en calamidad pública. Ruptura del dique en Manatí. Inundación de la autopista al mar. Pérdidas superiores a 11,2 billones de pesos según el BID. Desplazamiento masivo de comunidades campesinas y ribereñas. | La magnitud del evento evidenció la acumulación histórica de riesgo por ocupación de zonas inundables, deterioro de la infraestructura hídrica y ausencia de sistemas de alerta temprana en el nivel comunitario. La reconstrucción reprodujo en muchos casos las mismas condiciones de riesgo. |
| Deslizamientos en la Sierra Nevada · Recurrentes | Eventos en Fundación (Magdalena), Pueblo Bello (Cesar) y municipios del piedemonte de la Sierra muestran un patrón: lluvias intensas sobre suelos deforestados desencadenan avenidas torrenciales que afectan comunidades en cauces de quebradas. Los estudios de amenaza existen pero no han derivado en restricciones de uso del suelo efectivas. | El conocimiento técnico del riesgo existe pero no se traduce en política pública ni en planificación territorial. La brecha entre el estudio de amenaza y la regulación del uso del suelo es el nodo crítico de la gestión del riesgo en zonas de montaña. |
| Crisis hídrica en La Guajira · Crónica y recurrente | Mortalidad infantil por desnutrición y deshidratación en comunidades wayuu del sur de La Guajira durante períodos prolongados de sequía. La crisis ha sido documentada por medios nacionales e internacionales y declarada por la Corte Constitucional como violación de derechos fundamentales. El sistema de GRD no ha logrado articular una respuesta estructural. | Cuando la amenaza es crónica (sequía estructural) y no episódica (inundación súbita), el sistema de GRD diseñado para emergencias agudas es insuficiente. Se requieren respuestas de desarrollo que la GRD sola no puede proveer. |
| Huracán Iota en Providencia · Noviembre 2020 | Categoría 4 al impactar. Destruyó el 98% de la infraestructura de Providencia. 6.000 personas damnificadas. La isla tardó más de un año en recuperar servicios básicos. El evento evidenció la vulnerabilidad existencial de las comunidades insulares ante ciclones tropicales y la insuficiencia de los planes de contingencia insulares. | La recuperación post-Iota reprodujo en varios aspectos las condiciones previas de vulnerabilidad. "Construir mejor" —el principio de la recuperación resiliente— requiere una decisión política explícita que va más allá de la emergencia humanitaria. |
El cambio climático en el Caribe colombiano: los riesgos que ya llegaron
El cambio climático no es un riesgo futuro en la Costa Caribe colombiana: ya está ocurriendo y sus efectos son medibles, observables y documentados tanto por el IDEAM como por las propias comunidades. Es también una injusticia climática estructural: las comunidades de la Costa Caribe que menos han contribuido a las emisiones globales de gases de efecto invernadero son las que enfrentan de forma más directa e inmediata las consecuencias del calentamiento global. Esa injusticia tiene que nombrarse, no soslayarse.
La temperatura media en la Costa Caribe ha aumentado entre 0.5°C y 1°C en las últimas cinco décadas. Las proyecciones del IDEAM indican incrementos adicionales de 1.4°C a 2.7°C hacia 2050 bajo escenarios de emisiones moderadas. El calor extremo es ya una amenaza directa para la salud de personas mayores, trabajadores rurales y comunidades sin acceso a vivienda adecuada y agua potable.
Los promedios históricos de lluvia ya no son predictores confiables. Las precipitaciones son más intensas en períodos más cortos, generando inundaciones súbitas en zonas que antes las absorbían gradualmente. Los períodos secos entre temporadas son más prolongados. El conocimiento ancestral de los ciclos estacionales —que guiaba la agricultura y la pesca por generaciones— está perdiendo precisión.
El nivel del Mar Caribe colombiano sube aproximadamente 3–4 mm por año, con tendencia a acelerarse. Para comunidades en cotas bajas —partes de Cartagena, Barranquilla costera, múltiples poblaciones del litoral de Atlántico y Bolívar— esto es una amenaza existencial en el horizonte de esta generación. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales proyecta que algunas zonas costeras actuales quedarán sumergidas antes de 2100.
El ciclo El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) determina en buena medida la variabilidad climática interanual de la Costa Caribe. El cambio climático está intensificando tanto los eventos de La Niña (lluvias extremas, inundaciones) como los de El Niño (sequías, déficit hídrico). Las comunidades que antes tenían dos años de margen para prepararse entre eventos extremos enfrentan ciclos más cortos y más intensos.
Los glaciares de la Sierra Nevada de Santa Marta —los únicos tropicales de Colombia— han perdido más del 50% de su superficie en el último siglo y el ritmo de retroceso se acelera. Para las comunidades indígenas de la Sierra, los glaciares son sagrados y su desaparición es también una pérdida cultural irreversible. Para las comunidades del piedemonte, representan la garantía del suministro hídrico estacional que el cambio climático está poniendo en cuestión.
Los arrecifes de coral del Caribe colombiano han sufrido bleaching (blanqueamiento) severo en múltiples episodios por el aumento de la temperatura del mar, perdiendo su función como barrera de protección costera. Los manglares, ya reducidos por décadas de tala, enfrentan estrés adicional por la combinación de salinización, temperaturas extremas y contaminación. Su degradación amplifica exponencialmente la vulnerabilidad costera.
"El desarrollo es sostenible cuando satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. La gestión del riesgo de desastres contribuye a la sostenibilidad ambiental por ende a la sostenibilidad del desarrollo."
El principio de sostenibilidad ambiental (Art. 3.9) articula directamente la gestión del riesgo con la adaptación al cambio climático. Un PMGRD que no incorpore los escenarios climáticos proyectados por el IDEAM para los próximos 30 años es un plan diseñado para el pasado, no para el futuro. Las comunidades pueden exigir esta articulación como parte del proceso de construcción participativa del PMGRD.
El saber ancestral del territorio: conocimiento válido, reconocimiento legal
Durante siglos, las comunidades afrodescendientes, indígenas y campesinas de la Costa Caribe desarrollaron sistemas sofisticados de lectura del territorio: señales naturales que anticipan lluvias, crecidas del río, vendavales y sequías; prácticas de manejo del agua y el suelo adaptadas a los ciclos del ecosistema; arquitecturas vernáculas que incorporan la inundación como condición de vida en lugar de catástrofe a evitar.
La Ley 1523 reconoce este conocimiento explícitamente en el principio de diversidad cultural (Art. 3.6): los procesos de gestión del riesgo deben "aprovechar al máximo los recursos culturales de las comunidades". No es retórica: es una obligación legal. El PMGRD que no documenta e incorpora el saber ancestral sobre el comportamiento del territorio de las comunidades a las que sirve está incumpliendo este principio.
Comunidades ribereñas del Magdalena y el Sinú identifican migraciones anticipadas y cambios en los patrones de anidación de garzas, cormoranes y otras aves acuáticas como precursores de crecidas, con anticipación de días o semanas antes del desbordamiento.
El cambio en la turbidez, el color (agua café-rojiza) y el olor del río indica crecidas en la parte alta de la cuenca. Comunidades en Bolívar y Magdalena tienen protocolos informales basados en esta observación que en varios casos han permitido evacuaciones preventivas exitosas.
En zonas semiáridas de La Guajira y el Atlántico seco, la floración del payandé, el guayacán amarillo y el trupillo señala el inicio de la temporada de lluvias antes de la primera precipitación. Las comunidades wayuu tienen calendarios ambientales precisos basados en este conocimiento.
Pescadores artesanales del litoral Caribe leen la dirección, la textura y el olor del viento para anticipar tormentas y marejadas con horas de anticipación. Este conocimiento, transmitido oralmente, ha protegido flotas artesanales durante generaciones y tiene valor predictivo comparable al de las estaciones meteorológicas en algunos contextos costeros.
El color de la luna, la presencia de halos lunares y la visibilidad de constelaciones específicas son usados por comunidades campesinas e indígenas de la Costa para anticipar cambios climáticos. La "luna con capa" (halo lunar) es un predictor popular de lluvias próximas reconocido en múltiples culturas de la región.
El comportamiento de caimanes, babillas, tortugas de agua y algunas especies de peces cambia visiblemente antes de crecidas del río. Las comunidades indígenas zenú tienen conocimientos detallados sobre estos cambios de comportamiento como parte de su sistema de lectura del territorio heredado de generaciones.
La integración de estos saberes en los sistemas formales de alerta temprana —que desarrollaremos en el Módulo 10— no es folclore ni decoración multicultural: es una estrategia de gestión del riesgo basada en evidencia acumulada durante generaciones, frecuentemente más oportuna y más contextualizada que los modelos predictivos formales. El SATC comunitario más efectivo combina los dos tipos de conocimiento en lugar de privilegiar uno sobre el otro.
El riesgo no afecta igual: enfoque diferencial en el territorio Caribe
El principio de igualdad (Art. 3.1 Ley 1523) establece que todas las personas deben recibir el mismo trato ante el riesgo. Pero la evidencia del impacto de los desastres en la Costa Caribe muestra patrones sistemáticos de desigualdad: los grupos más vulnerables son los que mayor impacto sufren y los que menor acceso tienen a los recursos de preparación, respuesta y recuperación.
Las mujeres, especialmente las jefas de hogar, soportan la mayor carga de la recuperación familiar post-desastre: reconstrucción del hogar, cuidado de personas dependientes, búsqueda de ingresos de reemplazo. Son también las más excluidas de los espacios de toma de decisiones sobre la distribución de ayuda humanitaria y la planificación de la recuperación. Los PMGRD deben incluir diagnóstico de género y medidas de acción afirmativa.
Las comunidades wayuu, zenú, kogui, arhuaco y afrodescendientes de la Costa tienen formas propias de entender, nombrar y gestionar el riesgo que el sistema formal ignora sistemáticamente. El derecho a la consulta previa (Convenio 169 OIT) aplica cuando decisiones sobre GRD afectan sus territorios. Los planes de reasentamiento en zonas de riesgo deben respetar la autonomía territorial y la integridad cultural.
Los niños y niñas que viven en zonas de riesgo acumulan impactos de largo plazo en su desarrollo: pérdida de años escolares por inundaciones recurrentes, trauma psicológico por eventos de desastre, malnutrición durante períodos de calamidad. Los planes de evacuación y los sistemas de alerta temprana deben incluir protocolos específicos para entornos escolares y para niños que viven solos o con adultos mayores.
La concentración de población venezolana migrante y colombiana desplazada en barrios periféricos de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena —frecuentemente en zonas de alto riesgo— crea una población que no accede a los sistemas de información sobre riesgo (por barreras de idioma, documentación o desconocimiento), que no está registrada en los diagnósticos del PMGRD y que enfrenta mayor dificultad para acceder a la atención humanitaria.
Actividades participativas
- El grupo dibuja colectivamente un croquis del territorio (barrio, vereda, municipio según contexto). No necesita ser cartográficamente exacto: el objetivo es que todos reconozcan el espacio. Se marcan puntos de referencia compartidos: el río, la loma, la escuela, el mercado, la iglesia, la vía principal. El proceso de dibujar juntos activa la memoria espacial colectiva.
- Con marcador rojo: zonas de amenaza identificadas por la comunidad. Para cada zona, anotar: nombre de la amenaza, frecuencia aproximada ("cada invierno" / "cuando hay El Niño" / "permanente"), peor evento recordado, a cuántas familias afecta.
- Con marcador azul: elementos más vulnerables. Dónde viven familias en mayor condición de pobreza, hogares con personas mayores solas, viviendas en peor estado estructural, infraestructura crítica (escuela, puesto de salud, acueducto, vía de acceso).
- Con marcador verde: recursos de respuesta comunitaria e institucional. Sede de la Defensa Civil, puesto de salud, escuela que puede ser albergue, vecinos con conocimientos de primeros auxilios, líderes con radio o medios de comunicación, rutas posibles de evacuación.
- Con marcador naranja: el saber ancestral del territorio. Señales naturales de alerta que la comunidad conoce, lugares donde "el río avisa antes", puntos donde "el suelo siempre cede con la lluvia fuerte", señales en plantas o animales que la comunidad lee. Este es frecuentemente el componente más valioso y menos documentado del mapa.
- Análisis colectivo del mapa completo: ¿Las zonas de amenaza coinciden con las zonas de mayor vulnerabilidad? ¿Los recursos de respuesta están cerca de las zonas de mayor riesgo? ¿El saber ancestral está siendo incorporado en algún plan formal? ¿Qué ve el mapa que el PMGRD municipal probablemente no muestra?
Este mapa tiene vida útil más allá de la sesión. Fotografíelo con alta resolución, transfiera la información a un formato digital si es posible y devuelva una copia a la comunidad. En sesiones posteriores (especialmente M07 sobre la fórmula del riesgo y M11 sobre el PCGR) será el insumo principal. Varias comunidades han presentado mapas similares ante el CMGRD como evidencia de riesgos no documentados en el PMGRD, con resultados concretos: inclusión de nuevas zonas en los estudios de amenaza, declaratoria de emergencia local, inicio de obras de mitigación.
- Trazar una línea del tiempo horizontal: desde hace 40–50 años hasta hoy. Dirigirse específicamente a los participantes mayores (50+ años): "¿Cómo era el invierno cuando ustedes eran jóvenes? ¿Cuándo empezaban las lluvias? ¿Cuándo terminaban? ¿Eran más o menos predecibles que ahora?"
- Para cada década, documentar en la línea: cuándo empezaba y terminaba la temporada de lluvias, qué tan seguido subía el río (o se secaba la fuente), si había eventos extremos recordados (lluvias muy fuertes, sequías largas), qué animales o plantas servían como señales del clima y si siguen siendo confiables hoy.
- Comparar el pasado con el presente: ¿Qué ha cambiado? ¿Las lluvias son más o menos predecibles? ¿El río sube más o llega más rápido? ¿Hace más calor en los veranos? ¿Hay animales que ya no existen o plantas que ya no florecen cuando antes lo hacían?
- El facilitador introduce el concepto de cambio climático como el marco científico que explica los cambios que la comunidad ha observado empíricamente. Conectar específicamente con el ciclo ENSO (La Niña / El Niño) y su efecto en la Costa Caribe. La experiencia local y el conocimiento científico se validan mutuamente.
- Pregunta de cierre: "¿Los planes de GRD del municipio, las obras de mitigación existentes, fueron diseñados para el clima de hace 30 años o para el clima que tenemos ahora y el que tendremos en 20 años?" Esta pregunta conecta con el Módulo 03 (PMGRD) y con la exigencia de actualización de los planes bajo criterios de adaptación climática.
Esta actividad tiene un componente intergeneracional fundamental: proteja el espacio para que las personas mayores sean reconocidas como autoridades del saber climático local. Evite que los participantes jóvenes —más familiarizados con el lenguaje del cambio climático— descalifiquen el conocimiento empírico de quienes llevan décadas observando el comportamiento del territorio. La combinación del saber tradicional con el marco científico es lo más valioso: ninguno de los dos es suficiente solo.
- Dividir en grupos por tipo de amenaza según el mapa de la Actividad 1 (inundaciones, vientos/vendavales, sequías, deslizamientos). Cada grupo lista todos los indicadores naturales que conocen para su amenaza: comportamiento de animales, cambios en plantas, señales del cielo, olores, colores del agua o del suelo, sensaciones corporales que comunidades identifican con cambios climáticos próximos.
- Para cada indicador identificado, completar una ficha: nombre local del indicador, descripción precisa de qué se observa, amenaza que anticipa, cuánto tiempo de anticipación da (horas, días, semanas), qué tan confiable se considera, quiénes en la comunidad lo conocen mejor, si se sigue usando o está en riesgo de perderse.
- Cada grupo presenta su inventario en plenaria. El facilitador identifica los indicadores que aparecen en varias fuentes (mayor confiabilidad) y los que son únicos de ciertos portadores del conocimiento (mayor urgencia de documentar).
- El facilitador conecta cada indicador con su equivalente en el sistema formal de monitoreo: ¿qué mide el IDEAM que podría complementar este indicador comunitario? ¿Hay estaciones meteorológicas cercanas? ¿Se comunican sus alertas de manera accesible a la comunidad? Este contraste revela tanto las fortalezas del conocimiento ancestral como las brechas de acceso a información técnica.
- Decisión colectiva: ¿cómo va a conservar la comunidad este inventario? ¿Quiénes son los portadores del conocimiento que deben ser entrevistados en profundidad? ¿Cómo se puede compartir con el CMGRD y con instituciones académicas que hacen monitoreo ambiental en la región?
Las fichas producidas en esta actividad son un producto con valor real más allá de la formación. Si la comunidad lo autoriza, pueden ser sistematizadas y compartidas con el CMGRD, con la corporación autónoma regional y con universidades que trabajan el tema de conocimiento tradicional y gestión del riesgo. Esto convierte a la comunidad en productora de conocimiento científicamente válido, no solo en destinataria de estudios técnicos. Es una reversión del poder epistémico que el programa busca producir.
El Módulo 02 ancla el programa al territorio específico. Su doble objetivo es: (1) Que los participantes tengan un panorama técnico y político del perfil de riesgo de la Costa Caribe, especialmente de su subregión específica; (2) Que ese panorama dialogue productivamente con el conocimiento territorial que la comunidad ya tiene, legitimando el saber ancestral como insumo válido de la gestión del riesgo. El mapa comunitario que produce la Actividad 1 es el producto más importante del módulo: debe preservarse y usarse en módulos posteriores.
- El Mapa Parlante (Actividad 1) es el corazón del módulo. Dele tiempo generoso: no menos de 60 minutos. Un mapa construido con cuidado y detalle puede ser el primer componente del PCGR comunitario y el insumo más valioso para presentar ante el CMGRD.
- Cuando introduzca el cambio climático, evite el lenguaje catastrofista que paraliza en lugar de movilizar. El objetivo no es generar terror ante el futuro sino fortalecer la capacidad de adaptación y la exigencia de respuestas del Estado ante una amenaza que la comunidad no causó pero que debe gestionar.
- El diálogo de saberes (Actividad 3) funciona mejor con diversidad generacional: personas mayores como portadoras del saber ancestral y jóvenes como documentadores y conectores con el sistema formal. Si el grupo es muy homogéneo en edad, considere invitar a personas mayores de la comunidad específicamente para esta actividad.
- Adapte el énfasis subregional al contexto específico: el perfil de riesgo de una comunidad wayuu en La Guajira es radicalmente diferente al de una comunidad ribereña del Magdalena en Bolívar o al de un barrio periurbano de Barranquilla. El módulo ofrece el marco; el facilitador lo contextualiza.
Fatalismo territorial: Algunas comunidades han vivido tanto tiempo con el riesgo que lo naturalizan: "Aquí siempre se inunda" / "Siempre ha sido así". El módulo debe trabajar contra esa naturalización sin invalidar la experiencia vivida. La inundación puede ser frecuente: su impacto devastador no es inevitable. La diferencia está en la preparación, la reducción del riesgo y la calidad de la respuesta institucional.
Invalidación del saber ancestral: Puede ocurrir que participantes con formación técnica o universitaria descalifiquen el conocimiento tradicional sobre el territorio. Intervenga con firmeza pero sin confrontación: el saber ancestral tiene validez científica documentada (etnoecología, conocimiento ecológico tradicional) y tiene además respaldo legal explícito en el Art. 3.6 de la Ley 1523. Ambos tipos de conocimiento son complementarios e imprescindibles.
Tensión entre el riesgo y el sustento económico: En comunidades cuyo sustento depende de actividades que aumentan el riesgo (ganadería en zonas inundables, pesca en zonas de marejada, agricultura en ladera deforestada), la discusión sobre el riesgo puede vivirse como una amenaza al sustento. No fuerce la resolución de esta tensión en una sesión: reconózcala, nómbrela como una injusticia que el Estado debe atender (ofreciendo alternativas económicas viables) y vuelva sobre ella en los módulos de reducción del riesgo.
El Módulo 02 deja a los participantes con un mapa territorial del riesgo comunitario y una comprensión de los patrones históricos y climáticos que lo determinan. La pregunta que abre el Módulo 03 es: "Ya conocemos nuestro riesgo. ¿Hay un plan municipal para gestionarlo? ¿Estamos en él? ¿Podemos participar en su construcción y exigir su cumplimiento?" El Módulo 03 sobre el PMGRD es la respuesta directa a esas preguntas.